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Primer Equipo

Un clásico, una fiesta

Domingo 27 de Noviembre de 2016
Racing fue superior a Independiente de principio a fin y le ganó con claridad por 3 a 0. Licha, autor de dos goles, y Bou, dueño del restante, fueron las grandes figuras del partido. 
Un clásico, una fiesta
Fue una fiesta, una verdadera fiesta, al compás de una delantera de ensueño que brilló como si no hubiera habido jamás un domingo mejor para jugar al fútbol. Licha y Bou, Bou y Licha, o como les quieran decir: dos fenómenos que se encargaron de preocupar y de contagiar y de resolver con la suficiente categoría como para que la victoria de Racing sobre Independiente por 3 a 0 fuera absolutamente categórica y merecida. El Cilindro, como no podía ser de otra manera, vibró y gritó y se emocionó con una goleada que ya, ahora mismo, tiene un lugar asegurado entre las mejores alegrías de los últimos tiempos.

Racing hizo eso que le pedían las circunstancias: fue desde el pitazo inicial un aluvión de entusiasmo que se tradujo en una situación de agobio para Independiente. En la presión bien alta y en la intensidad para recuperar lo más arriba posible estuvo parte de la clave del desarrollo. Astuto para interrumpir el circuito de tenencia ajeno, el equipo de Zielinski amagó en un par de ocasiones –un tiro de Bou y otro de Acuña- hasta que encontró la solución en los pies de Licha. Un bombazo del capitán desde afuera del área, justo cuando el reloj marcaba 23 minutos, se fue a colar contra el poste derecho de un arquero que apenas si atinó a moverse. Ante la esperable reacción de la visita, la respuesta fue más agresividad para no verse sobrepasado. Bou pudo correr con espacios pero no acertó en la resolución de las maniobras y, en el arco de enfrente, Orión hasta el descanso solamente debió intervenir una vez frente a un cabezazo esquinado de Denis.



A diferencia de otras veces, la fórmula no varió en el arranque del complemento y la intensidad siguió siendo el sello de un Racing decidido a evitar sorpresas. Y la primera presión alta trajo el gol: Aued apuró, Licha asistió y Bou convirtió con un derechazo potente e inatajable. Gabriel Milito no tuvo más remedio que cambiar y torció el esquema táctico para poner dos nueves. Pero la Academia sostuvo los niveles de lucidez, manejó con criterio los espacios y lastimó con una estructura ofensiva que siempre halló cómo desnivelar. Licha, de penal y a los 19, estampó el tercero para que la distancia se tornara irremontable. Un aplauso interminable acompañó al goleador cuando Lautaro Martínez lo reemplazó poco después. Entraron también Guisao y Cerro para que Acuña y Romero se retiraran sumergidos en una caricia de miles.

Y, entonces, con el horizonte teñido de celeste y blanco, con la felicidad llamándose “cada día te quiero más”, Racing se hizo dueño de una victoria inapelable. Para que todo sea fiesta. Para que el corazón rebalse de orgullo.

Fotos: Paola Lara.
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