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Efemérides

Ídolos académicos: Vicente Zito, un virtuoso de la gambeta

Sábado 26 de Julio de 2014
Apodado La Bordadora, el crack que llegó a Racing en 1933 brilló junto al Chueco García en una delantera que, aunque no ganó campeonatos, quedó en el recuerdo por su increíble capacidad de desequilibrio. A 25 años de su muerte, la Academia enaltece su memoria con un pequeño homenaje.
Ídolos académicos: Vicente Zito, un virtuoso de la gambeta
Primera verdad que está clara: la historia no empezó ayer. Segunda verdad indiscutible: la historia merece ser contada. Tercera verdad irrefutable: es fundamental conocer la historia para saber quién es uno y hacia dónde va uno. Racing, con 111 años de vida, con un pasado repleto de gloria, tuvo a lo largo de tantos años símbolos que forjaron la identidad del club, que desataron el amor de multitudes y que le entregaron la grandeza de la que todavía hoy disfruta. Por eso, como homenaje respetuoso, como saludo eterno, se los recuerda en las fechas que ya les pertenecen. A los ídolos académicos, simplemente gracias. 

Dicen los que lo vieron jugar que había gente que venía a ver a Racing y que había gente que venía exclusivamente a verlo a él. Dicen los que lo vieron jugar que su capacidad para dejar contrarios en el camino producía asombros múltiples porque su gambeta parecía un regalo del paraíso. Dicen los que lo vieron jugar que su sociedad con Enrique el Chueco García era una usina de fantasía que paralizaba a los contrarios y que le daba brillo a todas las actuaciones académicas. Dicen los que lo vieron jugar que, una vez que se lo veía jugar, resultaba imposible olvidarse de semejante talento. Así, dicen los que lo vieron jugar, era Vicente Zito, crack de cracks que jugó 208 partidos y que convirtió 73 goles con la camiseta académica entre 1933 y 1944.   

El 25 de noviembre de 1912, en la ciudad de Quilmes, Zito nació, aunque él no lo supiera, con magia en sus pies. En sus inicios, vistió la casaca de Sportivo Alsina y, a los 16 años, mostraba ráfagas de todo lo que podía dar en la Cuarta de Quilmes. Ahí debutó en Primera hasta que Racing lo contrató. El 23 de abril de 1933 hizo su estreno en la Academia en una goleada por 4 a 0 ante Huracán y, según cuenta la leyenda, ese mismo día Natalio Perinetti lo definió como el sucesor del mítico Pedro Ochoa. Algo de razón había en esa supuesta afirmación: a partir de ahí, y durante más de una década, se transformó en un símbolo de ese equipo que se quedó con las ganas de obtener el título local. 

La Bordadora, apodado de esta forma por su relación umbilical con la pelota, tuvo el honor de marcarle a Independiente en tres clásicos consecutivos: el 19 de diciembre de 1937, el 19 de junio de 1938 y el 31 de octubre de 1938 se dio el gusto de gritarle al rival de toda la vida. Además, participó de esa inigualable racha de tres encuentros en los que la Academia venció a Platense por 8 a 2, a Estudiantes de La Plata por 8 a 2 y a Lanús por 8 a 1. Cuando se marchó del club, siguió jugando en Atlanta y, ya más grande, desparramó sus últimos destellos en Argentino de Quilmes. 

El 26 de julio de 1989, a los 78 años, Zito falleció y dejó en la memoria un sello que perduraría en el tiempo. Hoy se cumple un cuarto de siglo de su partida y Racing recurre a los que lo vieron jugar para mantener vivo su recuerdo.

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