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Efemérides

A la memoria de Gardel

Miércoles 24 de Junio de 2015
El Zorzal Criollo, fanático desde Racing desde siempre y símbolo de la cultura argentina, falleció el 24 de junio de 1935 en un accidente aéreo. A 80 años de su partida, la Academia lo recuerda con todo el cariño.
A la memoria de Gardel
No cualquiera tiene como hincha a uno de los artistas más importantes de la historia argentina. No cualquiera, así que es tiempo de recordar a quien inmortalizó a través de su música el fantástico andar de Racing durante las primeras décadas del siglo XX. Hace exactamente 80 años, Carlos Gardel, hincha de la Academia hasta la médula, admirador y amigo del genial Pedro Ochoa, falleció en un accidente aéreo en la ciudad colombiana de Medellín. Dejó para la eternidad, además de su estampa, además de su vozarrón inigualable, el tango Patadura, una letra bien celeste y blanca que todavía da vueltas por el Cilindro: “Y ser como Ochoíta, el crack de la afición”. 

¿Y de dónde es Gardel? Tan inmensa es si figura que todos creen saber donde nació: los uruguayos afirman que es oriundo de Tacuarembó y los franceses no se cansan de repetir que su mamá lo parió en Toulouse. Pero lo único cierto es que vivió en Buenos Aires desde chiquito, que se nacionalizó argentino en 1923 y que siempre estuvo enamorado de Racing. De ahí viene su amistad y su reverencia hacia Ochoa, parte del primer equipo desde 1916 y dueño de una gambeta capaz de lograr que el Zorzal Criollo hiciera vibrar sus cuerdas vocales para que el mundo se enterara de semejante talento futbolístico. 
 
Gardel, figura determinante en la historia del tango, ídolo popular como pocos en este país, grabó cerca de 800 canciones de diversos géneros musicales y filmó más de una decena de películas, entre ellas Las luces de Buenos Aires, El día que me quieras y Tango bar. Pero siempre, en cualquier circunstancia, la voz que fue registrada en 2003 por la Unesco en el programa Memoria del Mundo, para que pasara a integrar la lista de patrimonios de la humanidad, encontró huecos para disfrutar del fútbol. Por ejemplo, en 1928 compartió unos días junto a la Selección que viajó a los Juegos Olímpicos de Amsterdam y, además, fue varias veces a ver al Barcelona para acompañar a sus amigos José Samitier y Ricardo Zamora, dos grandísimos jugadores del club catalán.

Su vida se extinguió el 24 de junio de 1935. Sin embargo, en la memoria de miles y de miles, en las melodías que circulan aún por Avellaneda, en la estatua que está emplazada en la platea A y en el alma de la Academia, estará siempre presente.  

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