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Efemérides

Ídolos académicos: Arnaldo Balay, la pura distinción

Lunes 28 de Septiembre de 2015
Fino mediocampista central que salió campeón con Racing en 1958, estuvo en el club durante seis temporadas y se ganó todos los aplausos por su gran categoría. Hoy, que se cumplen nueve años de su fallecimiento, se lo sigue recordando con afecto.
Ídolos académicos: Arnaldo Balay, la pura distinción
Primera verdad que está clara: la historia no empezó ayer. Segunda verdad indiscutible: la historia merece ser contada. Tercera verdad irrefutable: es fundamental conocer la historia para saber quién es uno y hacia dónde va uno. Racing, con 112 años de vida, con un pasado repleto de gloria, tuvo a lo largo de tantos años símbolos que forjaron la identidad del club, que desataron el amor de multitudes y que le entregaron la grandeza de la que todavía hoy disfruta. Por eso, como homenaje respetuoso, como saludo eterno, se los recuerda en las fechas que ya les pertenecen. A los ídolos académicos, simplemente gracias. 

La pisaba y la pasaba. La movía y aparecía por un lado y por el otro, en su área y en la del contrario. Ese tipo que sí que jugaba. Sabía gambetear y sabía quitar y sabía atacar y sabía defender. Arnaldo Balay era simplemente así: se divertía teniendo la pelota en sus pies y se comprometía cuando la manejaba el rival. Nacido el 2 de septiembre de 1928, se había vuelto futbolista en los potreros de la zona de Valentina Alsina. Orgullo socio ilustre de Peñarol, el club de su barrio, llegó a Racing en 1952 y se quedó exponiendo su elegancia en el Cilindro durante seis temporadas. Sucesor de Inocencio Rastelli, obtuvo el reconocimiento de compañeros y de adversarios con absoluta justicia. A todos maravilló con su audacia y con su creatividad  en el campo. 

Palito, como se lo conocía por su delgadez, fue campeón. No podía ser de otra manera. En 1958, dirigido por José Della Torre, fue el mediocampista central –a veces se desempeñaba también como defensor- de un equipo que gozaba con una delantera brillante. Mientras Balay quitaba, equilibraba y repartía, Oreste Corbatta, Juan José Pizzuti, Pedro Manfredini, Rubén Sosa y Raúl Belén se cansaban de hacer goles. En total, con la camiseta celeste y blanca, disputó 117 partidos y nunca fue expulsado. Su fuerte no era convertir y, en eso al menos, los números no mienten: hizo un solo gol jugando para la Academia, frente a Platense en 1954. 

Tuvo su oportunidad en la Selección a partir de grandes actuaciones en el plano local. Formó parte del plantel que conquistó el Sudamericano de Chile 1955, donde el conjunto nacional se consagró invicto y con Balay en el once inicial. Defensor de un estilo vistoso, convencido de que estar en una cancha era una oportunidad para pasarla bien, dijo alguna vez públicamente: “Jamás le di una patada a alguien. Yo gambeteaba y gambeteaba. A veces me agarraba Dellacha y me puteaba porque estaba adelante de la línea del arco y salía jugando desde ahí. Lo hacía bastante seguido”.  

El 28 de septiembre de 2006, a los 78 años, Palito falleció dejando un gran recuerdo en el público racinguista. Hoy, en un nuevo aniversario de su partido, la Academia enaltece su figura para que las nuevas generaciones no lo olviden. 

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