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Fútbol Masculino

Con ustedes, la historia

Domingo 09 de Febrero de 2020
Racing jugó con dos menos todo el segundo tiempo y le ganó a Independiente por 1 a 0 con un golazo de Marcelo Díaz. La Academia superó todos los obstáculos en una noche inolvidable y el Cilindro se volvió una fiesta.
Con ustedes, la historia
Cuentan que los abuelos y las abuelas se lo contarán a sus nietos y a sus nietas y que esos nietos y esas nietas se lo contarán a su vez a quienes sostendrán este amor por los tiempos de los tiempos. 

Cuentan que la realidad se transformó en leyenda una noche de domingo en la que el corazón le ganó a la razón cuando los cálculos matemáticos sólo ofrecían un horizonte de tristezas. 

Cuentan que una patriada con nueve hombres puso a un mediocampista chileno a definir de caño para que la historia, esa que aparece muy cada tanto y sin previo aviso, sentenciara el triunfo de Racing por 1 a 0 contra Independiente en un clásico que nadie nunca jamás podrá borrar de la memoria. 

El primer tiempo del equipo de Sebastián Beccacece fue muy bueno. Mucho mejor que las dos presentaciones anteriores. El técnico armó un planteo que sometió a la visita hasta el descanso. Con los mediocampistas parados en alturas indescifrables para los dirigidos por Lucas Pusineri. Con Marcelo Díaz como vértice de esa vocación de protagonismo. Independiente aguardó por una contra y esperó que los locales no acertaran en los metros finales. Una salida rápida, con más fortuna que mérito, dejó a Cecilio Domínguez mano a mano con Gabriel Arias. El arquero la tocó con la mano afuera del área. Lo expulsaron y Javier García entró por David Barbona.

La hazaña comenzó a los pocos segundos del complemento. Leonardo Sigali vio la roja en una maniobra más que polémica. Mauricio Martínez reemplazó a Matías Rojas. Con dos menos, todo fue resistir. Inteligencia y orden. El orgullo como bandera. Las atajadas de García sostuvieron de pie al equipo en los instantes complicados. Darío Cvitanich entró por Lisandro López. Ninguno bajó los brazos. Lucas Pusineri buscó variantes pero no encontró cómo quebrar el cerco. La gente alentó sabiendo que había que compensar desde afuera la desventaja numérica.

Hasta que pasó lo que ni el más optimista imaginó en el arranque del complemento. El reloj marcaba 40. Cvitanich la aguantó de espalda, Wálter Montoya arremetió y el rebote le quedó al delantero. Leonel Miranda la dejó pasar y Díaz abrió el pie para ratificar por qué los cracks son cracks. Lo demás fue tocar el cielo con las manos.

Lo escribió alguna vez el Indio Solari: “Nos merecemos bellos milagros y ocurrirán”. Sucedió en el Cilindro. Sucedió para siempre.

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