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Primer Equipo

Racing Corazón

Domingo 15 de Marzo de 2020
La Academia logró un agónico y emotivo triunfo en Mar del Plata tras imponerse en la última pelota con un cabezazo del pibe Alcaraz ante Aldosivi por 4 a 3, tras estar dos goles abajo en el marcador. De esta manera el equipo sigue invicto en el ciclo de Beccacece y empezó del mejor modo su camino en la Copa Superliga.  
Racing Corazón
La cosa empezó mal pero terminó muy bien. El arranque fue peor que el que se hubiera imaginado el hincha más pesimista antes del pitazo inicial. Y el cierre a pura emoción seguro fue mejor que el que la seguidora más fiel y creyente de la Academia hubiese podido soñar minutos antes del final marcado por Fernando Rapallini. Racing empezó perdiendo y luego cayó en una desventaja más amplia. Fue al frente y descontó, pero volvió a sufrir un revés y a quedar dos goles abajo en el marcador, aunque nunca dejó de pensar en que podía ir primero en procura del empate y luego del triunfo. Y aunque parezca difícil de creer, el equipo conducido por Sebastián Beccacece lo logró: primero lo empató y luego lo ganó en la bola final de la noche. Tras dos tantos de Rojas y uno de Pillud, el responsable de tamaña alegría fue aquel que nadie imaginaba y que tuvo su noche soñada. Carlos Alcaraz, con 17 años y dos partidos en Primera, cabeceó hacia la victoria. Dos días antes, el viernes por la mañana, el pibe le había dado también a la Academia el triunfo en Reserva con un golazo. Definitivamente el corazón académico está latiendo cada vez más fuerte al ritmo de los triunfos y las alegrías.  

Pero la cosa no había empezado bien en la noche marplatense. Y la afirmación se basa no tanto en lo hecho por el equipo adentro de la cancha durante el arranque, sino por sus consecuencias para el resultado. En los primeros once minutos Racing ya había recibido dos goles, el primero de Andrada y el segundo de Solis. El mérito del rival para aprovechar sus avances al máximo y las dudas que mostraron los académicos en los últimos metros pusieron a la visita ante la imperiosa e impensada tarea de tener que revertir una desventaja de dos goles cuando el partido recién comenzaba a armarse. 

El juego dinámico y con la tenencia como bandera que lRacing suele pregonar no aparecía, en parte por desconexiones entre las líneas propias de juego y también porque Aldosivi hizo su parte para administrar la diferencia a favor e impedir que Racing creciera. Pero con el correr de los minutos y más allá de algunas aproximaciones para ambos lados, la tendencia general comenzó a mostrar a una visita que, con su intensidad desde el ímpetu, se aproximó cada vez más a la valla defendida por Assmann. Tanto fue así que durante los últimos diez minutos los comandados por Beccacece aprovecharon el quedo de su rival, le robaron la pelota e intentaron construir por el lado izquierdo y tuvieron en las escaladas de Mena a la principal referencia para intentar llegar al descuento, con algunas proyecciones profundas pero que no pudieron traducirse en el descuento que para ese entonces era merecido.

El DT también vio desde su lugar lo que se notaba desde afuera: si Racing apretaba un poco más los goles podían llegar. Por eso entró Reniero en lugar de Montoya. Y en el primer ataque del complemento llegó el premio por todo lo que el equipo había buscado durante el final de la primera etapa. Pillud avanzó por su carril y ante el achique de una marca rival puso un gran pase llovido para Reniero, que se filtró por la derecha y jugó un pase al corazón del área que Bazzana no llegó a cortar y le cayó a Rojas, que de primera la puso contra el segundo palo. Racing quedaba a un gol del empate e iba justamente en busca de eso.

Pero en el mejor momento del visitante llegó una nueva ventaja para Aldosivi. Un rápido lateral y un rechazo defectuoso en la salida defensiva favorecieron a un desborde por el costado diestro y un posterior pase al centro para que Gino enganchara su definición por sobre el cuerpo de García y marcara el tercer tanto local. El resultado parecía escaparse kilométricamente de nuevo, tras coquetear con Racing a metros de distancia.

A los 15´ el arquero local apareció en todo su esplendor y tras una rápida volada tapó con su mano izquierda en el aire un tiro de Reniero con destino de gol tras un centro por la izquierda de Rojas.  Pero la insistencia no fue en vano y algunos minutos después, a los 19, Racing marcó de nuevo. Un gran bochazo cruzado de Soto en campo de Racing desde la izquierda le cayó a Zaracho, quien luego de entrar al área rival en velocidad levantó la cabeza y descargó hacia el centro para la entrada del 10 académico, que paró la pelota, levantó la cabeza y no lo dudo: zurdazo potente y alto para batir la valla local y poner de nuevo la esperanza del empate a un tanto de distancia.

Racing siguió yendo hacia adelante. La ilusión de llegar al tercer gol se apoyaba en lo que el equipo mostraba tanto en la faceta futbolística, con momentos de superioridad con respecto a su rival, así como también en una respuesta anímica que nunca se vio comprometida a pesar de estar dos veces en desventaja por un par de goles de diferencia. La idea no se resignaba, como así tampoco las ganas de poder poner las cosas por lo menos como al principio del juego. Hasta que a los 38´ llegó el grito del desahogo. Ese que puso las cosas como al inicio y que le permitió al equipo recuperarse. Un centro de Soto en ataque buscó la posición de Reniero en el primer palo y tras a disputa el balón le cayó a Cristaldo, que bailó con la pelota por la derecha para ganarle la cuerda a su marca y jugar un centro hacia el medio que fue impactado por la zurda del capitán, Iván Pillud, quien se despegó con habilidad de la marca del Bertoglio y de primera estampó el 3 a 3 que parecía definitivo, pero que no lo sería. Aún faltaba lo mejor.

Se moría la cosa. Se jugaba el descuento. Ya no quedaba tiempo para más. O en realidad sí. Había tiempo para mucho más. Para un grito más. El más importante e inesperado de todos los de la noche, pero también el más buscado por Racing. Fue ese que le dio al equipo el triunfo que nunca dejó de buscar después de haber llegado a un empate que ya tenía gusto a hazaña.

Soto, otro de los que nunca dejó de perseverar a pesar de los errores y así encontró los aciertos, recibió el balón de Mena desde el lateral y tras avanzar unos metros jugó la pelota una vez más al corazón del área, en donde apareció el héroe menos pensado y más abrazado de la noche: Carlos Alcaraz. El pibe de Villa Elisa, quien ya había dado la nota en el partido de Reserva poco más de 48 horas antes con un golazo que valió tres puntos, se anticipó en el salto a Gino y cabeceó sobre la izquierda de Assmann para desatar la explosión de alegría en la cancha, en el banco de los suplentes y en cada lugar de la Argentina y el mundo en el que se vio o se escuchó su gol. Ese que más de 90 minutos después de comenzar en desventaja, puso al equipo en ese lugar que nunca dejó de buscar, el lugar del triunfo. Un triunfo que se apoyó en el fútbol y en los goles, pero en especial en el corazón de la Academia. Ese que late en todos lados cada vez más fuerte.

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