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Fútbol Masculino

Parte de la religión

Martes 19 de Enero de 2021
Goleador, figura, referente, capitán, campeón y estandarte del equipo, Lisandro López anunció este mediodía su salida de Racing para continuar con su carrera deportiva fuera del club. De esta manera se retira de la Academia el último gran ídolo surgido con nuestros colores. Gracias eternas, Licha. Hasta siempre.
Parte de la religión
Como siempre que es necesario apelar a la memoria, el archivo resulta imprescindible. Y el número 1073 perteneciente a la segunda época de la Revista Racing con fecha del 19 de septiembre del 2001, que se encuentra junto a tantas otras reliquias en el Archivo Histórico de Racing Club, entrega en uno de sus temas de tapa un título que a la posteridad terminaría por quedarle chico al jugador de referencia. "Lisandro López, pichón de crack", indica la descripción de la publicación en la que se habla de un pibe que en ese entonces ya daba que hablar en las Divisiones Inferiores del club. "El día que debuté, contra Argentinos, en cancha de Atlanta, empatamos 3 a 3. Hice los tres goles: uno de cabeza, Otro por arriba del arquero y otro despuès de gambetearlo. No lo podía creer", le decía a la publicación un jovencito Licha que en ese momento dejaría de ser una figura en las juveniles del club y pasaría a estar en la órbita de la Primera. Casi veinte años después de esos dichos, con una carrera futbolística exitosa tanto en Europa como en otras partes del mundo y un regreso con gloria al club con dos títulos incluidos, el mismo Lisandro le dijo adiós a Racing. A su Racing. Y en este caso nadie lo puede creer. Pero lo relativo a Licha López ya está por encima de cualquier creencia. Su figura supera a la razón y al entendimiento mundano, al mismo tiempo que la acerca de manera insoslayable al corazón, a la emoción más profunda y a la alegría más genuina. Eso logran hacer quienes se transforman en ídolos. Ni más, ni menos. Y hoy el último forjado al calor de nuestros colores se despidió de la institución. "Para mí este no es un día triste. Me voy con tranquilidad y felicidad porque siempre dejé todo. Y porque pude volver acá para cumplir mi sueño y pude lograrlo. Este es el club de mi vida y me lo ha dado todo", dijo con la voz entrecortada y los sollozos contenidos por la emoción en la conferencia de prensa de este mediodía en la que anunció su salida. Por el fútbol, por los goles, por los festejos, por hacernos aún más grandes cada vez que se puso nuestra camiseta. Por todo eso y seguramente por mucho más, simplemente gracias de parte de todo Racing.

Crack con la pelota bajo la suela, el pibe categoría 83 de Rafael Obligado llegó a Racing gracias al buen ojo de Miguel Micó, que por aquel entonces era el Coordinador General de Inferiores y había visto a Licha brillar en la Selección de Rojas -jugaba en Jorge Newbery- en un torneo bonaerense. "Sabe con la pelota, arranca de atrás, tiene panorama y olfato en el área. Es fuerte y cabecea muy bien. En el campeonato anterior fue el goleador del equipo, en Quinta, y jugó varios partidos en Reserva", le decía Micó a la Revista Racing a principios del nuevo milenio, meses antes del título histórico del equipo de Mostaza Merlo, sobre un pibe que ya daba que hablar. Y lo que vino después no hizo más que reafirmar todo lo bueno que se esperaba de él. A fuerza de un talento creciente en cada presentación, de personalidad y de muchos goles, Lisandro López se ganó un lugar de privilegio en la Primera académica, tras su debut oficial el 14 de junio del 2003 con tan sólo 20 años de edad. Su estadía en el club duró menos de dos años tras esa presentación en sociedad. No era para menos. Semejante talento tenía destino europeo por donde se lo analizara. Pero antes de partir dejó su huella en la élite del fútbol argentino: fue el goleador del Apertura 04 con 12 tantos -Machado da Silva había sido el anterior en el Metropolitano de 1969- y resultó ser una de las piezas destacadas del plantel dirigido por Guillermo Rivarola que luchó fecha a fecha por el título del Clausura 05 y terminó tercero.

La aventura por el continente europeo lo vio brillar a su máxima intensidad en los dos clubes que lo cobijaron durante los siguientes años. Primero vistió la camiseta del Porto de Portugal (2005-2009), un lugar en el que lograría desarrollar aún más la capacidad goleadora que había mostrado en su etapa final en Racing. En el equipo luso consiguió cuatro ligas locales, la Copa de Portugal en dos ocasiones y la Supercopa de Portugal en una oportunidad, además de mostrar actuaciones destacadas a nivel continental en la Liga de Campeones de la UEFA. Más tarde y con el sustento de contar con un jugador de jerarquía mundial, el Olympique de Lyon francés lo contrató (2009-2013) y lo tuvo como una de sus figuras más destacadas a lo largo de su estadía en el equipo galo, en donde Lisandro logró superar el caudal de goles que había marcado en suelo portugués y conquistó una Copa de Francia junto a una Supercopa de Francia. En ambas instituciones superó largamente la centena de partidos disputados, fue galardonado como el mejor jugador de las respectivas ligas y significó una garantía en cada delantera que integró, con más de 60 goles en Porto y más de 80 en el Lyon. Durante esos momentos de plenitud en su carrera tuvo además el privilegio de vestir la camiseta de la Selección Argentina en varias convocatorias y en diferentes ciclos, para demostrar un alto nivel más allá del paso de las temporadas. Tras su salida de Francia su figura recaló en el Al-Gharafa (2013-2015) del exótico fútbol de Qatar y durante las siguientes temporadas se encargó de imporner una vez más su sello: 20 goles en 40 partidos jugados. Pero la estadía en medio oriente terminó de manera anticipada y Lisandro retornó a sudamérica, aunque no aún a la Argentina. Para ese paso faltaba cada vez menos, aunque la parada anterior fue en el Internacional de Brasil (2015), en donde estuvo casi un año y también dejó su estampa de delantero implacable. 

Pero la asignatura pendiente del regreso a la Academia en busca de la gloria no conseguida en su primera etapa seguía pendiente. Era un sueño para él y debía dejar de serlo, porque como reza una máxima popular los sueños están hechos para cumplirse. El inicio del 2016 lo tuvo en la sala de conferencias del Estadio Presidente Perón luciendo la camiseta del club en la presentación oficial de su vuelta. Luego debió ganarse un lugar en el equipo, que en ese momento contaba aún con muchas de las figuras campeonas en el 2014; en especial, con la de Diego Milito. A poco de su vuelta oficial a la cancha con la casaca académica -empezó usando la 9 y luego la cambió a su querido número 15- , una chilena para el recuerdo ejecutada en cancha de Independiente que sirvió para el empate del clásico en su epílogo comenzó a mostrar con hechos que el jugador estaba de regreso en Racing. Con el tiempo los compañeros del principio se fueron y llegaron otros. Pero él siempre estuvo. En silencio se transformó en un referente de peso tanto dentro del vestuario como en donde fuera necesaria su presencia y demostró un fútbol cargado de magia dentro de la cancha y de sensatez fuera de ella, para hacer que sus palabras estuvieran siempre a tono con sus acciones. Pero faltaba aún el sueño por cumplir. Faltaba ese pequeño gran detalle que comenzó a gestarse a partir del 2018 con la llegada de Eduardo Coudet a la dirección técnica del equipo y que tuvo su correlato deportivo en el Racing Campeón de la Superliga Argentina de Fútbol 18/19 y del Trofeo de Campeones 19. Lisandro se transformó en Licha. López se convirtió en el capitán/emblema/bandera del equipo. El futbolista se convirtió en una figura descollante que terminó por ser el hombre más destacado dentro de un plantel notable, con actuaciones fantásticas, goles memorables y un fútbol que lo tenía como un artesano fuera del tiempo, que siempre parecía entender las acciones o ejecutar las jugadas un segundo antes de que se tuvieran que llevar a cabo. La imagen suya con la sonrisa de par en par y la copa en alto dentro de un Cilindro colmado por los festejos del campeonato fue la demostración cabal de que lo que se sueña está para ser cumplido y que es posible hacerlo. 

El pasado sábado 9 de enero Lisandro entró a la cancha vestido como jugador de Racing por última vez. Nadie lo sabía. Un Cilindro callado por la ausencia de su gente lo recibió en silencio, pero pudo disfrutar de un toque final de magia hecha fútbol por parte del capitán. Ante Newell´s y tras una racha adversa de 25 partidos sin poder marcar, el 15 agarró una pelota de aire desde fuera del área y con su pierna derecha sacó un remate implacable que se transformó luego en triunfo. Ese tanto fue la despedida. Ese festejo con su dedó índice derecho apuntando a su sien y el brazo izquierdo en alto fue el final con la camiseta blanca y celeste, que dejó un registro estadístico de 213 juegos disputados y 75 tantos convertidos. Pero sus logros deportivos con nuestra casaca no se terminan ahí. López es el decimoquinto máximo goleador de la historia de Racing; es además el jugador que más goles metió para el club en los últimos 55 años; integra junto Ohaco (4), Marcovecchio (2), Zabaleta (2) y Barrera (2) la selecta lista de cinco futbolistas que lograron ser goleadores de un campeonato de Primera División de AFA en al menos dos ocasiones y para cerrar, es el jugador más grande en edad en ser goleador de un torneo oficial de AFA (Superliga 18/19) en toda la historia del fútbol argentino, con 36 años y un mes. Sin dudas sus registros quedarán guardados de manera eterna e inalterable dentro de los anales de la historia de nuestro club. Pero su legado por fuera de las planillas, las cifras y los porcentajes es y será invaluable. Porque ni el sentimiento se puede cuantificar, ni las alegrías tienen precio alguno en el corazón de la gente.

Cuando era apenas un pibe con la valija llena de ilusiones y el talento futbolístico como la llave de acceso al mundo entero, un periodista de la revista partidaria mencionada en el inicio de estas líneas le preguntó a Lisandro cual era su sueño. El joven le respondió sin dudas y con firmeza: "Llegar a Primera acá, en Racing". Hoy, dos décadas más tarde, un experimentado y adulto Licha tuvo que contenerse a más no poder para no quebrarse en llanto en su despedida del club, mientras afirmaba que más allá de decir adiós, no había tristeza en él y sí mucha tranquilidad y paz por haber podido lograr finalmente en su vida ese sueño que cobijaba desde sus tiempos de juvenil pensionado que la descosía los fines de semana en el Predio Tita. "Siempre dije que yo volvía al club no a retirarme, sino a competir, a dar lo mejor de mí y a cumplir un sueño. Hoy siento que hasta acá llegué, pero al mismo tiempo me siento feliz de haber transitado estos años acá, en éste que es el club de mi vida", dijo el capitán mientras alguna lágrima le caía por la mejilla, pero manteniendo al mismo tiempo la sonrisa inmutable de alguien que se siente realizado por saber que logró aquello que se propuso.

Gracias por eso Lisandro. Gracias por todo Licha. 



Foto: Paola Lara.
Material de archivo: Archivo Histórico de Racing Club.
Estadística histórica: Departamento de Historia de Racing Club y Prensa de Racing Club. 

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