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Vidas Racinguistas

“Hay un montón de neuronas que saben que soy de Racing”

Viernes 26 de Agosto de 2016
La neurociencia puesta al servicio de la Academia y el cerebro de un fanático funcionando en el Cilindro. Fabricio Ballarini, investigador especializado en el estudio de la memoria, explica por qué los hinchas mantienen intacto el recuerdo de los grandes goles.
“Hay un montón de neuronas que saben que soy de Racing”
Se recuesta contra el respaldo del primer asiento del banco de suplentes local y lo dice con la misma pasión con la que los nueves persiguen el grito sagrado: “Como científico, me gustaría poner a un jugador en un resonador y ver la actividad del cerebro cuando piensa una jugada o cuando evoca un conocimiento o cuando toma decisiones claves en milésimas de segundos”. A mitad de camino entre el asombro y la felicidad, Fabricio Ballarini detalla en un rincón del Cilindro qué pasa con el cerebro de los hinchas cuando están delante de emociones potentes y por qué esas emociones potentes quedan grabadas a fuego en la memoria. 

Investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) en el Laboratorio de Memoria del Instituto de Biología Celular y Neurociencias "Dr. De Robertis", publicó en 2015 su primer libro -“REC. Por qué recordamos lo que recordamos y olvidamos lo que olvidamos”- y lo llenó de referencias racinguistas. Especialista en los misterios de la memoria, preocupado por entablar un vínculo profundo entre la ciencia y la educación, fue uno de los impulsores de “Educando el cerebro”, un proyecto que apuesta a derrumbar varios de los prejuicios que rodean a las escuelas. Por supuesto, en ningún momento de su joven carrera, ni siquiera frente a los descubrimientos más impactantes, dejó de alentar a la Academia.

En un mano a mano imperdible con Vidas Racinguistas, Ballarini hizo lo que hacen los grandes jugadores: dejó todas las neuronas en la cancha y se llevó la ovación del público.   

-Vos te dedicás a trabajar sobre la memoria. ¿Cuál es el primer recuerdo que tenés como hincha de Racing?
-La primera vez que fui a la cancha con mi papá. Me llevó a la popular a ver un partido contra Banfield a la cancha de Vélez. Yo tenía cinco años y fuimos con unos amigos de él que tenían hijos de mi edad. Para mí fue una cosa inolvidable. Me acuerdo de todo: de que hacía calor, de que estábamos cerca de la hinchada y de que mi papá me subió a caballito y me cantó todas las canciones. Es algo que supongo que nunca se me va a borrar. 

-¿Cómo se explica científicamente que te acuerdes de ese partido y no de otros?
-Todos los recuerdos que tenemos están metidos en partes específicas del cerebro, dentro de neuronas que se conectan entre sí y que los guardan. ¿Y por qué me acuerdo de ese partido y no de otros? Porque fue el más emotivo y el más novedoso y los eventos nuevos y emotivos se guardan por mucho más tiempo. En términos científicos, significa que las conexiones neuronales se mantienen por mucho más tiempo. Y algo parecido pasa con el campeonato de 2001. Estoy seguro de que todos nos acordamos de todos los partidos, de todas las veces que fuimos a la cancha, de todas las veces que sacamos las entradas. Y eso no pasa con cualquier torneo.

-Algo así sucede con el gol de Bedoya a River en el Apertura 2001. Los hinchas nos acordamos de todos los detalles pese a que transcurrieron muchos años.
-Es así. Yo me acuerdo de dónde estaba sentado, de con quiénes vine, de qué ropa tenía puesta y hasta de que me encontré con un amigo de la primaria que no veía hacía mucho. Tengo toda la secuencia en mi cabeza. Ocurre que, cuando hay un hecho muy fuerte a nivel emotivo, el cerebro no solamente atrapa ese acontecimiento sino también todo que lo que pasó un rato antes y un rato después. Por eso todos guardamos tan bien todo lo que rodeó a ese golazo de Bedoya. 

-Por lo general, desde el sentido común, se tiende a relacionar a las emociones con el corazón. Sin embargo, todo sale del cerebro. ¿Cómo se entiende?
-Es muy loco que se crea que las emociones salen del corazón porque, en realidad, lo único que hace el corazón es latir. Todo lo relacionado con las emociones pasa por la cabeza. A mí siempre me llama la atención que un futbolista, que hace muchas jugadas por partido, relate con lujo de detalles un gol. ¿Y por qué lo recuerda así? Porque esa jugada tuvo una consecuencia emotiva y rompió la rutina. Y eso sucede todo en el cerebro.

-Tu tesis principal de investigación gira en torno al impacto que producen en la memoria los eventos novedosos. ¿Qué significa eso en términos futboleros?
-La manera más fácil de pensarlo es buscar en la cabeza un recuerdo muy fuerte ligado a Racing y preguntarse por qué se recuerda tanto eso. Probablemente, se llegue a la conclusión de que tuvo un condimento especial que no hubo en el resto. Un partido dura 90 minutos y, sumada la previa y el post, puede extenderse cuatro horas. ¿Por qué nos acordamos de una jugada puntual que pasó en un domingo cualquiera hace años? Porque, por ejemplo, el gol de Bedoya significaba casi el torneo. Y esa situación tan fuerte genera que el cerebro no se quede solamente con el gol sino con todo el paquete de información que rodea el gol. 

-¿Y ese mecanismo funciona de esa manera en cualquier circunstancia?
-Sí, y es muy bueno a nivel evolutivo. Tanto para las cosas buenas como para las malas. Por ejemplo, si nos roban en determinado lugar, está bueno que el cerebro guarde información no solamente del momento específico del robo sino de lo que ocurrió antes y de lo que ocurrió después. Construir toda la imagen nos puede permitir prevenir ciertas situaciones. Y, si tuvo lugar un acontecimiento positivo, también es interesante que no se pierda. Yo disfruto de recordar toda la secuencia porque ser de Racing tiene que ver con más cosas que el fútbol. 

-En alguna entrevista, vos dijiste que la memoria es como Wikipedia porque puede ser modificada con el tiempo. ¿Es tan así?
-El tiempo es implacable. Sobre el gol de Bedoya, yo ya tengo más recuerdos de mirarlo en televisión que de mi vista desde la platea. Y eso es un poco la falsa memoria porque el recuerdo propio va siendo modificado por la intervención del entorno. Probablemente, dentro de 10 años, el único recuerdo que voy a tener del gol va a ser el de la tele pero no voy a poder determinar qué parte de mi recuerdo es de la televisión y qué parte de lo que vi con mis ojos. 

-Al menos en la Argentina, la memoria está mucho más asociada con una definición social que con una perspectiva biológica. ¿Qué relación establecés entre un enfoque y otro?
-Hace relativamente poco tiempo que la memoria empezó a ser analizada desde lo biológico porque la humanidad no tenía idea de dónde se guardaban esos recuerdos. Aunque parezca raro, hasta hace 10 años no se sabía que la memoria es una conexión y que se aloja en una parte específica del cerebro. Ahora podemos encontrarle una vuela de rosca a la cuestión y entender que las memorias que todos tenemos hacen a la memoria colectiva. Eso produce que las personas, aun en muchos casos sin conocernos, compartamos recuerdos. La memoria, entonces, deja de ser un acto individual para transformarse en algo colectivo. Y eso es lo que, en síntesis, nos vuelve humanos. 

-Pese a no ser un libro ni de fútbol ni de deporte, en “REC. Por qué recordamos lo que recordamos y olvidamos lo que olvidamos”, aparecen varias referencias a Racing. ¿Por qué?
-Y podría haber puesto muchas más… Calculo que será porque Racing es parte de mi identidad. Yo me reconozco frente al espejo porque hay un montón de neuronas que saben mi nombre, un montón de neuronas que conocen mi cara y un montón de neuronas que saben que soy de Racing. Racing no solamente representa un gol o un domingo sino el vínculo con mi viejo y la historia de mi abuela viviendo enfrente de la cancha. Eso hace que sea más que un club, que sea parte de mi vida. El libro es un desprendimiento de mi vida y no tenía posibilidades de no hablar de Racing.

-En tus textos solés comentar que, a diferencia de lo que a veces se cree, el saber sí ocupa lugar. ¿Cómo es eso?
-Es que el saber ocupa espacio. No tenemos infinitas neuronas y, por ende, tampoco tenemos infinitas conexiones neuronales. Lo importante es que los seres humanos podamos entender y para eso no es necesario conocer todos los detalles pero sí bastantes cosas. Me encantaría poder recordar por completo este momento pero no es posible. Mi cerebro se va a ir olvidando de a poco y se va a quedar con imágenes puntuales como haber pisado el césped por primera vez. La clave está en entrenarse para poder comprender la situación.

-“Educando al Cerebro” es un proyecto que apuesta a quebrar la distancia entre la ciencia y la educación. ¿Qué le puede aportar la ciencia a la educación?
-La educación no contempló en ningún momento de la historia que los alumnos tenían cerebro. Sí trabajó para que aprendieran de la mejor manera y por eso se inventaron la didáctica y la pedagogía. Pero hay muchos aspectos que la educación no tuvo en cuenta como, por ejemplo, los efectos del stress, el impacto de las evaluaciones o, simplemente, si estamos biológicamente más preparados para aprender de mañana o de tarde. En eso debe colaborar la ciencia. 

-¿Por qué dirías que es importante que un jugador de fútbol estudie?
-Considero que la educación es fundamental en lo que respecta a la salud porque poder hacer buenos diagnósticos en todas las esferas de la vida es sinónimo de estar saludable. Y sin estudiar es muy difícil tomar buenas decisiones. Desde la neurociencia, se sabe que cuanto más se alimente el cerebro, sobre todo en la etapa de la juventud, más posibilidades hay de ser una persona sana. A largo plazo, es absolutamente determinante formarse de todas las maneras posibles.

-¿Qué pensás que le puede aportar la neurociencia al fútbol de alta competencia?
-Habrá que ver con el tiempo. No hay que creer que la neurociencia puede explicar cualquier evento deportivo. Sí puede intervenir a partir de la investigación de algunas cuestiones deportivas, aunque hay que aclarar que no todos los deportes son iguales. Hace ya algún tiempo, se encontraron métodos para hacer investigaciones científicas en las escuelas y eso empezó a nutrir la educación. Lo mismo puede llegar a pasar con el fútbol. Desde lo neurocientífico, es bastante lógico pensar que, si se logra entender cómo funciona el cerebro de los futbolistas en ciertas situaciones, se podría conseguir un plus para mejorar determinados comportamientos. Los clubes todavía no se enmarcaron en un proyecto de investigación así porque es algo bastante nuevo pero pienso que el rédito va a ser alto cuando lo hagan. 

-¿Te gustaría que la neurociencia llegara a Racing?
-Me encantaría. Yo estudié desde siempre en establecimientos públicos y, en algún punto, toda la gente que viene a la cancha me pagó los estudios. Como investigador del Conicet, siento que tengo el deber de comunicar lo que sé porque disfruté de posibilidades que otros no tuvieron. Y algo parecido pienso sobre Racing: el club me dio muchísimo y yo no le di nada. Así que estoy dispuesto a aportar todo lo que pueda. 

Fotos: Paola Lara.

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