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Vidas Racinguistas

“Tengo muchos momentos felices con la cámara en el Cilindro”

Lunes 19 de Diciembre de 2016
Con Racing como una constante a lo largo de su vida, Diego Ortiz Mugica disfruta del saber que cada nueva visita a Avellaneda puede entregarle una nueva postal académica para retratar. Conocé la historia de uno de los fotógrafos argentinos más destacados, que sueña con tomar una imagen de Milito gritando un gol bajo la lluvia.
“Tengo muchos momentos felices con la cámara en el Cilindro”
“Hace poco, acá en la cancha, durante el partido despedida de Milito, se dio una situación: los equipos ya estaban en el campo y mientras todos los fotógrafos apuntaban con sus cámaras hacia ellos, yo estaba mirando exactamente hacia el lado contrario. Entonces, un colega me observó y me dijo: ‘Vos siempre a contramano...me gustaría saber qué es lo que ves’ ”.

Sus ojos se llenan ante la panorámica que entrega el Cilindro vacío e iluminado por un sol casi cinematográfico. Sus párpados se abren y se cierran casi de forma imperceptible, con la misma velocidad con la que las imágenes que registra su cámara desde hace 41 años se transforman en obras únicas. Aquello que empezó como un juego de chicos y como una forma de escaparle a las responsabilidades que imponía la escuela, terminó por ser el motor de su vida. Pero Diego Ortiz Mugica no se alimenta tan solo de imágenes. El combustible espiritual de este artista nace de sus otras pasiones que, aunque parezca mentira por el extremo profesionalismo con que encara su trabajo, ocupan un lugar prioritario dentro de una carrera de prestigio y reconocimiento mundial. La pesca, la naturaleza, la música y el sur de nuestro país aparecen como las alternativas que lo ayudan a darle a su vida, tras cinco décadas de existencia, ese sentido que muchas veces es necesario encontrar en las cosas simples. 

Y en este momento dos de sus pasiones fundamentales confluyen en un mismo y único sitio: la cancha de Racing, otro de sus motores. Su nieto Mateo luce una camiseta académica mientras corretea de un costado al otro del área grande. Su hija María, la madre del niño y además la mano derecha del fotógrafo, lo persigue de manera incesante entre juegos y sonrisas. El sol sigue con su baño de luz plena sobre la cancha. Los colores se mezclan con las luces, las sombras, los tonos y los contrastes. Pero por sobre todas estas aristas hay dos figuras que se destacan por sobre todo lo demás. Se mueven de un lado a otro y mientras tanto, Ortiz Mugica las mira en silencio. Tan sólo las observa en movimiento. Y de repente sus ojos se llenan de nuevo y entonces, simplemente se sonríe. En ese preciso momento no se imagina una foto mejor que capturar, ni un lugar mejor para poder hacerlo.

-¿Cómo se dio tu acercamiento a la fotografía?
-Comencé hace 41 años. Fue un día, a los 13 años, escapándome de clases en el colegio y entrando al cuarto oscuro. En su momento lo hice con tal de no quedarme en las clases. En aquella época la fotografía no ocupaba el rol que hoy por hoy tiene. Yo en la actualidad me subo a un taxi y el tachero me da clases de fotografía desde su celular. En aquella época ser fotógrafo era un oficio. Se le decía “chasirete” y era considerado como un oficio medio berreta (sic). De hecho cuando yo le dije a mis viejos que iba a dejar de estudiar Comunicación y Publicidad en la facultad para hacerme fotógrafo, lo primero que me preguntaron fue: “¿Pero de qué vas a vivir?”

-Julio Cortázar hablaba sobre la fotografía como un cuento, debido a que tiene un orden cerrado pero a su vez, estimula la imaginación para que nos preguntemos qué hay alrededor ¿Coincidis con esta visión?
-No sólo coincido con eso, sino que en la escuela que yo tengo, enseño desde ese lugar. Casi diría que es el espíritu medular de la fotografía que yo hago. Lo lindo que para mí tiene la foto es que vos la tirás a la red y cada uno hace una interpretación desde su lugar. Lo grandioso que tiene justamente este cuento, como lo llamaba Cortázar, es que cada uno pone su parte. En general a todos nos va a motivar un sentimiento o una sensación distinta. Y si la imagen es en blanco y negro, la cosa se potencia aún más. Yo he realizado esta experiencia: se les muestra una misma foto en color a diez personas y se les pide que escriban algo sobre lo que ven; el 90 por ciento de los textos serán similares. Pero si la experiencia se realiza con una imagen en blanco y negro, los diez escritos hablarán sobre cosas diferentes. Es como hacer una analogía entre la televisión y la radio.

-¿Específicamente sería como diferenciar al reportero gráfico del que hace fotografía de autor?
-El reportero gráfico lo que tiene que hacer es describir la realidad. Debe contar en imágenes lo mismo que un periodista puede decir mediante un texto. En cambio el fotógrafo de autor no saca la realidad, sino la manera en la que él ve la realidad; que a su vez puede ser muy distinta a lo real. En este caso uno busca su propia interpretación de lo que ve. Cuando hice la foto de Oscar Martín sentado en el vestuario local con la copa y con un haz de luz que entraba por la ventana y los iluminaba (N.de R: Fue en el 2007, al cumplirse el 40ª aniversario de la conquista de la Copa del Mundo del 67), expuse mi visión y mi manera de retratar ese momento particular y único. Ansel Adams, que fue un gran profesional norteamericano, siempre decía que la fotografía que hacemos no es el mundo que vemos sino el mundo que sentimos.

-Además de la que mencionaste recién, sacaste cientos de fotos de Racing ¿Si tuvieras que elegir, cuáles son las que mejor te representan?
-Es una pregunta difícil porque he sacado muchísimas. Pero diría que la foto que saqué del Bocha Maschio parado en el túnel central de ingreso al campo, vestido de traje, pisando la pelota y con la Copa del Mundo a su lado, es una imagen que me conmueve. Quizás porque lo quiero al Bocha y porque lo vi jugar cuando yo era muy chico. También me emociona mucho una foto del estadio que saqué la tarde del último título ante Godoy Cruz. Para conseguirla me fui directamente hasta la platea C con mi cámara y la hice en tres tomas; para luego pegarlas y hacer esa panorámica del estadio lleno y con la suerte de que se presentó un atardecer que le dio un toque único. Yo me acuerdo de que al ver todo ese marco pensé: “Hoy tenemos el escenario perfecto para salir campeones” y por suerte eso sucedió. Otra que me genera mucha emoción es una que hice de un chico tirado en la popular vacía después del partido y con todos los papelitos tirados en el piso.

-¿En tu caso el amor por Racing viene como herencia familiar?
-Sí. Mi papá y mi mamá son de Racing. Y la familia de mi mamá, compuesta por siete hermanos contaba con seis hinchas de la Academia. Uno de ellos era Carlos, el Padre Mugica, con quien fui durante mucho tiempo de mi juventud a ver al equipo hasta que lo mataron en el 74. Recuerdo que cada 15 días nos veníamos para Avellaneda en un Renault 4, junto a mi padre, mi hermano y Carlos. Y el último partido que vi con él fue un Racing-Central. Recuerdo que fue un viernes por la noche y que lo vimos en la platea alta, debajo del mástil. Aunque perdimos por 2 a 1, fue un partidazo.
        
-¿Y cuál es el primer recuerdo que tenés como hincha?
-Puntualmente el primero no lo tengo presente. Sí te puedo decir que con el Padre Mugica entrábamos gratis a la cancha. Con decir que él tenía un carnet que decía “asesor espiritual del Racing Club de Avellaneda”.  Yo me sentaba en las faldas de Perfumo, porque entraba con Carlos al vestuario a ver a los jugadores. En esa época yo estaba enfermo y no se sabía si iba a sobrevivir. Y Carlos me quería mucho. Cuando me operaron del corazón a los seis años, lo tuve a él a mi lado acostado con transfusión de sangre directa, ya que teníamos el mismo grupo y factor.

-¿Hay alguna imagen de Racing que todavía no pudiste sacar y que aún querés lograr?
-Yo ahora estoy haciendo una serie de fotos bajo la lluvia. Instalé una bomba con un sistema para lluvia en el fondo de mi casa y estoy convocando a distintas personalidades para que formen parte de esto. Y la próxima que quiero hacer es la de Diego Milito gritando un gol bajo la lluvia. Esa es una imagen que tengo hace seis meses en la cabeza y pensé en hacerla luego de que se retirara porque seguro tendría más tiempo disponible. Y la verdad es que me lo imagino agarrando la camiseta y gritándole el gol a la cámara con toda la lluvia, con un fondo negro y por supuesto todo retratado en una foto en blanco y negro. Yo me despierto todas las mañanas con una idea fotográfica nueva y tengo muchos momentos muy felices con la cámara adentro del Cilindro, pero ahora èsa es la foto que quiero tener.

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