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Vidas Racinguistas

“Tiré las cenizas de mi viejo atrás del arco”

Martes 28 de Marzo de 2017
El Pepo va con la posta y no se come ninguna: una foto de bebé en las piletas del Cilindro y la tristeza por el descenso en 1983; la explosión de diciembre de 2001 y el desahogo de la Promoción adentro de la cárcel. Y, por supuesto, el recuerdo imborrable de su papá.
“Tiré las cenizas de mi viejo atrás del arco”
Detrás de esa carcajada enorme que deja rebotando el eco, la voz se entrecorta y queda suspendida por un instante: “Acá tengo las cenizas de mi viejo. Están atrás del arco. Y entonces es como que cada vez que vengo acá me reencuentro con él. Así que imaginate lo que es para mí Racing y lo que es para mí el Cilindro”. El Pepo habla de Jorgito, su papá, y busca ganarle segundos al tiempo para evitar que le explote el nudo que se la arma en la garganta.

Rubén Darío Castiñeiras sabe que es famoso. Y sabe que la gente quiere fotos con él. Y responde con una sonrisa cada vez que alguien grita “Hola, Pepo”. No se la cree. Ya se la creyó y no le fue bien. Y aprendió. Figura de la cumbia nacional, dice que ahora camina con los pies sobre la tierra. Y se nota. Con la 10 en la espalda y el mate en la mano, se olvida de las agujas del reloj y conversa para Vidas Racinguistas con los ojos puestos en ese césped que le trae tantos recuerdos.


-¿Cuál es el primer recuerdo que tenés como hincha?
-El partido con Racing de Córdoba en el 83. Fue una paliza tremenda en todo sentido. Yo tenía nueve años e iba a la tribuna lateral, enfrente de mástil. Tengo la imagen de ver violencia por todos lados. Fue muy feo.

-¿Cómo fue sufrir el descenso con nueve años?
-Lo viví como algo injusto. Yo me rodeaba de fútbol todo el tiempo y sufrí mucho. Lloré por todo lo que le pasaba a Racing. Pero creo que ese sufrimiento hizo que me hiciera todavía más hincha. Y a muchos les pasó lo mismo y la pasión se hizo más fuerte. A tal punto que inventaba excusas en mi casa para escaparme a la cancha. Lo más lindo de mi semana era esperar el domingo para ir a ver a Racing. 

-¿Pero lo tuyo con el club empezó mucho antes, no?
-Sí, soy de Racing desde siempre. Por mi viejo, que me trajo a la cancha de bebé y no me dio chance de elegir. Y por mi hermano mayor, Jorge. Yo nací en el 74 y ese mismo año me empezaron a traer acá. Tengo fotos de chiquito en las piletas viejas y en la tribuna.  

-¿Y qué es lo mejor que te pasó con Racing?
-El campeonato de 2001. Sin dudas. Fue un desahogo tremendo. No se me va a borrar jamás lo que vivimos. Ese día vi gente llorando por todas partes. Fui a la cancha de Vélez y después al Obelisco. Y, bien a la noche, canté con Los Gedes por primera vez. Fue el día soñado. 

-¿Qué se siente ser un hincha reconocido por otros hinchas?
-Es lo que siempre soñé: venir a Racing en el medio de la semana, tomar mate con los jugadores, que la gente que limpia las tribunas me salude. Yo trato de ir cumpliendo los sueños. Y acá me estoy dando un gusto grande.

-¿Cómo te hiciste amigo de Bou? 
-Por intermedio del Bocha, otro amigo. Nos presentó por teléfono y estuvimos hablando un rato. Y después nos juntamos a comer en mi casa. Cuando fui a tocar a Entre Ríos, llevé al show a varios amigos de él. Y así fuimos armando la relación y salió una amistad muy piola.

-¿Es raro gritar los goles de un amigo?
-Es lo más lindo. Te ponés contento por la clase de persona que es. Porque sabés cómo necesita hacer un gol. Cuando no la mete, le mando mensajes diciéndole que las cosas ya van a salir, que no tiene que bajar los brazos. Es un placer conocerlo. 

-¿La música te gustó desde siempre?
-Sí, más vale. Yo empecé escuchando a Los Fabulosos Cadillacs y a Los Intocables. Me gustaba el ska. En el barrio, todo era cumbia. Y, en mi casa, mi viejo escuchaba tango y mi vieja, cumbia colombiana estilo Los Wawancó. La música siempre estuvo en mi vida pero en serio, por los puntos, arrancó de la mano de Pablito Lescano. Él fue un tipo clave. Siempre lo nombro porque me dio la posibilidad de entrar a este mundo. 

-Te tocó estar en la cárcel varios años. ¿Cómo sostuviste el vínculo con Racing tras las rejas?
-Racing ocupó el mismo lugar que cuando estaba en libertad: la pasión se mantuvo intacta. El problema fue que no podía ir a la cancha. Esperaba el día de visita para que me trajeran los diarios a ver qué decían del equipo y miraba los noticieros a la espera de alguna información. Cuando podía enganchar los partidos por la tele, los veía. Y, si no, la radio. Así viví la Promoción en 2008.


-Lo que habrás sufrido…
-Tremendo. Había un pibe de Racing en otro pabellón y nos gritábamos sin parar. No me acuerdo por qué pero estábamos engomados y enjaulados. Cuando zafamos, recuperamos la calma. No sé si alguna otra vez sufrí tanto.

-¿Cómo se convive con la fama?
-Es jodido. A mí, de entrada, me aniquiló: me dio una piña en la pera y no la supe manejar. Ahora, después de todo lo que pasé, la encaré de otra manera porque ya sé lo que es la fama. Tomé lo consejos que nunca había escuchado y aprendí que esto es un laburo y que necesita seriedad. Así que vivo con más calma. Trato de estar con los pies sobre la tierra, no fabulear nada y disfrutar de mi familia. 

-¿Es difícil no creérsela?
-No, para nada. El tema es rodearse solamente de la gente que estuvo en las malas. Lo demás es ficción. Hay que estar con todos los que quieren lo mejor para vos de verdad. Si dudás, entrás en el caminito de la fama, que te lleva a vivir una realidad que no es realidad.

-¿Qué le dirías a alguien que está tentado de mandarse una cagada como la que te mandaste vos?
-Que no se deje engañar, que no se deje llevar por los malos pensamientos. Los artistas no tenemos por qué ser viciosos, locos y cachivaches. Un artista tiene que laburar para que el personaje no se coma a la persona. Yo disfruto de estar arriba de un escenario y eso es clave. Antes no veía la emoción de la gente y ahora sí. 


-Racing tiene gente en todo el país. ¿Te cruzás con hinchas en lugares insospechados?
-Sí, ni hablar. En el interior se vive todo con más euforia. Al no tener la posibilidad de vernos tan seguido, demuestran mucho más el cariño. Los bailes son más grandes, al aire libre. Y va mucha gente. Las filiales vienen de todos lados para darme regalos en los shows. Y chapean con que son de Racing para poder sacarse una foto. Para mí es hermoso que el mundo sepa de qué cuadro soy. 

-Ya viste campeón a Racing, ya te hiciste amigo de los jugadores y ya caminás por el Cilindro como si fuera tu casa. ¿Qué sueño te queda cumplir?
-Tocar acá adentro. Sin dudas. Estaría buenísimo. Antes del partido o en uno de esos partidos homenaje. Para meterle presión a Víctor, te digo que cuando toque acá va a cantar Meliza Blanco conmigo. 

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