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Vidas Racinguistas

"Un mimo para el alma"

Jueves 02 de Abril de 2020
Ricardo Zarza, socio de Racing y conscripto combatiente en Malvinas, recuerda su experiencia en las Islas a 38 años del desembarco. Y agradece el tributo que el club estableció para su gente en los últimos años: "A todos los que estuvimos allá nos reconforta".
"Un mimo para el alma"
Ricardo Zarza, clase 1962, lo recuerda con una precisión de detalles que desmienten las casi cuatro décadas transcurridas. Fue en abril de 1982, 38 años atrás, cuando le llegó el telegrama del Ejército Argentino. A pesar de que ya habían pasado unas jornadas del 2, día del desembarco de las tropas argentinas en las Islas Malvinas, no había premura en el texto. La citación no explicitaba una convocatoria al conscripto dado de baja en diciembre de 1981, ocho meses después de su servicio. Sin premura, dejó que el tiempo creara una calma de ficción… No le duró mucho: en la madrugada del 22 de abril, un par de miembros de la Policía Militar lo sacaron casi por la fuerza, sin oportunidad a explicaciones, como si se tratara de un desertor. “El telegrama decía claramente que debía acercarme al cuartel del Grupo de Artillería, en Ciudadela, donde había hecho la colimba, para actualizar mis datos personales. No había plazos ni nada en el texto me urgía a presentarme. Una vez en Ciudadela, todo fue a velocidad: pasamos por Comodoro Rivadavia y el 29, la batería de 115 hombres a la que pertenecía ya estaba en lo que se llamó el Teatro de Operaciones del Atlántico Sur. Yo estaba cargo de las comunicaciones y debía cablear toda la zona, ubicada en la Península Camber, cerca de Puerto Argentino y pocos kilómetros debajo de Monte Longdon, donde se produjeron algunos de los combates más encarnizados durante esos 57 días en los que me tocó estar”.

Los bombardeos cotidianos, las bajas en su grupo (tres muertos y 14 heridos), el enemigo externo de alta capacitación profesional y el interno con una impiedad en muchos casos superior a las tropas británicas aparecen en el relato de Ricardo, donde también hay espacio para Racing. “Guardo las cartas que les mandaba a mis padres y las que ellos a su vez me enviaban, todas pasaban por el control previo de nuestros superiores. No hay carta en la que no aparezca mención de Racing. A mi papá siempre la preguntaba por el equipo. Era la época del Nacional 82 que se jugó antes por la preparación de la Selección para el Mundial de España. Soy de la generación de las malas campañas repetidas por muchos años. Doy gracias por lo que estamos viviendo ahora, que no tiene comparación con aquellos años, y por suerte se acerca a lo que uno escuchaba de sus mayores cuando hablaban de Racing”, destaca Zarza como cambio rotundo, que también se verificó en el plano institucional en la cuestión Malvinas.

“Durante muchos años el club nos ignoró, algo que estuvo a tono con el rechazo que sufrimos los ex combatientes durante los años inmediatos posteriores a la guerra. Pero luego de tanto insistir, las cosas se modificaron. Me propuse que un grupo de socios ex combatientes pudiésemos ingresar a la cancha para dar la vuelta en los aniversarios del 2 de abril y después de mucho insistir pudimos hacerlo. Fue en 2010 y mucho tuvo que ver la ayuda que desde el club nos dio Pablo Delpiero (en la actualidad está a cargo del Departamento del Hincha) porque Coprosede se oponía. Ya a partir de 2012 se hizo más sencillo y Christian Devia, el secretario general, nos dio una plaqueta por el 30° aniversario y nosotros, en nombre de la Federación de ex Combatientes de la Provincia de Buenos Aires, retribuimos con otra. Todo lo que ha venido de Racing desde entonces es un mimo para el alma y nos reconforta”, se emociona Ricardo, responsable de la bandera celeste y blanca con la silueta del archipiélago austral y el escudo de Racing, entre la leyenda Prohibido Olvidar que suele aparecer, puntual, en el Cilindro. Charlas alusivas en el Colegio y el Sede de Villa del Parque más el proyecto presentado ante Comisión Directiva para que los ex combatientes de Racing dispongan del rango de socios honorarios confirman que Malvinas jamás será una causa de circunstancia. Y lo prueba…

“Nos tocó servir al país en la defensa de su territorio y lo hicimos convencidos, sin que eso fuera apoyo a una maniobra desesperada de una dictadura para permanecer en el poder. Durante muchos años fuimos estigmatizados porque, aunque solo fuimos conscriptos, nos identificaron con ese manotazo de ahogado del Proceso. Y sufrimos enormes consecuencias, no sólo en Malvinas por los abusos de muchos oficiales del Ejército, sino después, con estrés postraumático que generó una ola de suicidios entre ex combatientes. Lo que luego se supo, con el Informe Rattenbach, puso a la luz todo lo que vimos quienes estuvimos allá. La herencia positiva de todo eso, para mí, han sido la democracia instaurada en 1983 y el compromiso que nos ha quedado a la mayoría de aquellos jóvenes que peleamos allá en inferioridad física, psíquica y material. Hace dos años volví a las Islas y pude cerrar mi historia: encontré mi trinchera, me las arreglé para traer algunas de mis pertenencias olvidadas ahí y rendí respeto a quienes quedaron en el cementerio de Darwin”. Aunque aún no flamee, Ricardo Zarza sostiene la esperanza de que, en aquella tierra ajena a la fuerza, también brille celeste y blanca.
 

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