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Efemérides

Federico Sacchi, la elegancia al servicio del fútbol

Miércoles 04 de Septiembre de 2019
Se formó en Rosario, pero se consagró en Avellaneda. Su apellido fue sinónimo puesto para referirse a la belleza del fútbol, en una época en la que se pensaba fundamentalmente en jugar bien. Su presencia en la última zaga académica fue fundamental para la consagración del equipo en 1961 y su huella perdura en la memoria racinguista hasta la actualidad. Hoy cumple 83 y el Racing le rinde una vez más un homenaje más que merecido.
Federico Sacchi, la elegancia al servicio del fútbol
Primera verdad que está clara: la historia no empezó ayer. Segunda verdad indiscutible: la historia merece ser contada. Tercera verdad irrefutable: es fundamental conocer la historia para saber quién es uno y hacia dónde va uno. Racing, con 116 años de vida, con un pasado repleto de gloria, tuvo a lo largo de tantos años símbolos que forjaron la identidad del club, que desataron el amor de multitudes y que le entregaron la grandeza de la que todavía hoy disfruta. Por eso, como homenaje respetuoso, como saludo eterno, se los recuerda en las fechas que ya les pertenecen. A los ídolos académicos, simplemente gracias.

“¿Quién habla de perder o ganar? Yo hablo de jugar... Nunca, créamelo, nunca, al entrar a una cancha, pienso en ganar o perder, yo pienso en jugar bien. Si lo consigo, mejor para mí...”. El artífice de esta declaración, que hoy parece totalmente antagónica a los objetivos que suelen perseguirse adentro de una cancha fútbol, tenía muy en claro de lo que hablaba. Fue el mismo que a pesar de no haber nacido del riñón académico y de haber brillado en otros equipos mayúsculos del país, siempre tuvo en claro la huella que dejó en nuestra institución. "En Racing pasé los mejores momentos de mi carrera y no por el hecho de haber salido campeones", le dijo una vez Don Federico Sacchi a la Revista El Gráfico. Un caballero que destiló elegancia tanto adentro como afuera del campo de juego y que hoy celebra un nuevo aniversario. 

Una y otra vez, cada vez que un atacante se dirigía hacia su zona, propios y extraños dejaban lo que estaban haciendo para ver entrar en acción a la elegancia vuelta defensor. Es que no hay otra manera de definir a este hombre que hablar de categoría, de galera y de bastón, de caballerosidad y de defensa del buen juego. Sacchi, nacido el 4 de septiembre de 1936 en Rosario, era todo eso y un poco más también. Para regocijo del público académico, vistió la camiseta celeste y blanca entre 1961 y 1964, disputando 92 partidos y convirtiendo 12 goles. Y, como si no fuera suficiente mirarlo moverse por la defensa, se coronó como estandarte del equipo que logró el título en 1961.

Rubio, alto y atlético, el Polaco, como se lo apodaba, llegó desde su ciudad natal para reforzar a un plantel que aspiraba a la gloria. Su estreno tuvo lugar el 16 de abril de 1961 en una victoria por 3 a 2 ante Argentinos Juniors. Su aporte fue a pura jerarquía. César Luis Menotti, que fue compañero suyo en Racing, contó en reiteradas oportunidades que al zaguero le daba vergüenza revolear la pelota afuera. Hasta ese punto defendía Sacchi el valor estético del juego. Pero hay más de esta identidad inquebrantable con una manera específica de entender el fútbol. “En esa época, jugábamos todo el día a la pelota. Hoy el potrero no existe y, para mí, fue el mejor maestro”, dijo alguna vez cuando le preguntaron acerca de su relación con el juego. 

Su carrera la comenzó en Tiro Federal en 1958 y, luego, antes de recalar en el Cilindro, pasó por Newell’s. Se retiró en Boca, después de conseguir el campeonato de 1965. Su rendimiento deslumbrante lo llevó también a la Selección, donde jugó 15 encuentros. Fue parte de la delegación nacional que compitió en el Mundial de Chile 1962. El 12 de octubre de 2011, el Consejo Municipal de Rosario lo declaró Deportista Distinguido de la Ciudad. 

Sacchi festeja hoy su cumpleaños número 83 y Racing Club no puede no saludar a un señor que dejó un sello indeleble en la memoria del hincha y de toda la institución. Y para reafirmar este concepto, no hay nada mejor que recurrir a la palabra autorizada de esas personas que algo entendieron sobre el hecho de dejar huella. "Yo siempre les digo a los muchachos de ahora que deben aprender de Federico. Nunca decía nada, ni en las buenas ni en las malas. Un señor de galera y bastón”, le mencionó una vez a un medio gráfico una señora que trabajaba en el club. Una tal Tita Mattiussi.

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