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Vidas Racinguistas

“Hay jugadas que parecen dignas de cuadritos”

Domingo 02 de Octubre de 2016
Martín Mogica, hincha de Racing y caricaturista, vive soñando con dibujos en celeste y blanco. Dueño de una imaginación capaz de sorprender a los propios jugadores, asegura que el lápiz es su mejor manera de demostrar el amor por estos colores.
“Hay jugadas que parecen dignas de cuadritos”
-Fue un momento único. Me acerqué hasta donde estaba Romero y le regalé la caricatura que le había hecho. Se quedó mirándola un ratito y me agradeció con mucha humildad. ¿Qué más puedo pedir?

Envuelto en la sorpresa. En un estado de asombro continuo. Martín Mogica se sienta en una de las populares laterales, posa junto a varias de sus obras contra un fondo celeste y blanco y recorre el césped del Cilindro sin terminar de entender qué está pasando. No lo dice en voz alta para que no se rompa el hechizo pero lo cierto es que se pregunta, una y mil veces, por qué lo convocaron a él para participar del ciclo de entrevistas Vidas Racinguistas. Y por eso, con la timidez propia de quien no quiere jactarse de algo que es, asume a regañadientes el papel del artista.

Y va por más. Mogica desafía cualquier protocolo y pide que le saquen una foto con la estatua de Carlos Gardel para que le quede de recuerdo. Y, además, pone el ojo de dibujante en el horizonte, con el sol dándole brillo al verde del campo de juego, y reflexiona, en un mismo movimiento y sin perder la sonrisa, sobre la relación entre el fútbol y el arte y acerca de cómo usa las redes sociales para que sus trabajos le lleguen a más gente. El resultado es una charla intensa que, con la paleta en la mano, gira alrededor de las maravillas que puede producir un tipo regando fantasías con un lápiz.

-¿De dónde te llegó la pasión por la Academia?
-Es una herencia paterna. Pichón Mogica, mi papá, no solamente era un legendario defensor central en las canchas del sur del conurbano bonaerense sino un fanático de Racing. Murió cuando yo era chico y en la familia quedó instalada la leyenda de que, cuando salimos campeones del mundo, fue a buscar a mi mamá a su casa bañado en lágrimas. En algún momento de mi vida, me quisieron cambiar de club pero no hubo manera: la Academia ya estaba adentro mío. 

-¿Y con el dibujo cuándo empezaste?
-También de chico. Siempre me gustó. Cuando las maestras nos daban oraciones para escribir, yo les preguntaba si podía dibujarlas. Y así fue que me largué a hacer de todo: autos, personas, paisajes y dibujitos animados. En esa época, no había YouTube y no quedaba otra que acordarse de memoria los superhéroes. A mis compañeros les gustaba lo que hacía y me pedían más. A los ponchazos, a fuerza de prueba y de error, fui aprendiendo. 

-En ese camino de sentarte delante del lápiz y del papel, llegaste hasta las caricaturas. ¿Por qué?
-Calculo que porque, cuando era chico, las figuritas redondas de chapa estaban dibujadas por caricaturistas que eran unos fenómenos. Era un trabajo muy elaborado en espacios reducidos y me fue seduciendo. Como no me salían bien, tomé clases con Luis Ordóñez, uno de los mejores, para aprender algunos tips mínimos. Hoy, después de mucho esfuerzo y con algo de suerte, estoy levemente más cerca del nivel de ellos. 

-¿Cuál es la particularidad de las caricaturas?
-Que son una parodia de la realidad. Es un trabajo similar al de un humorista. Se parodian los rasgos y la personalidad, es decir, no solamente lo físico –una nariz grande o unos ojos saltones- sino también los comportamientos. La clave es que, pese a ser una imagen deformada, se la pueda reconocer sin problemas. De eso depende el éxito de una caricatura. 

-¿Qué posibilidades de crear existen en un trabajo que se inspira básicamente en la copia de una imagen?
-Siempre hay chances de crear. Una caricatura incluye detalles que no están en la imagen original y que surgen de lo que el propio dibujante va pensando. Por lo general, se suelen agregar gags de todo tipo para darle color al trabajo. En el caso de Bou, por ejemplo, lo dibujé con cuerpo de pantera con la idea de jugar a animalizarlo. 

-Tuviste la oportunidad de regalarles varias de tus obras a los jugadores del plantel. ¿Cómo viviste esa experiencia?
-Me encantó. Fue una gran emoción. Aunque hoy soy más grande que los jugadores, yo los veo como ídolos. Que Bou, Grimi y Romero hayan mirado dos segundos lo que les di es algo fantástico. Son los que defienden los colores de mi equipo y para mí fue lo máximo que aceptaran mis dibujos. Si alguien me hubiera dicho alguna vez que iba a vivir algo así, no lo hubiera creído. 

-¿El dibujo es una manera de expresar tu sentimiento por el club?
-Sí, por supuesto. Es la forma que tengo de expresarme y la que me permite canalizar buena parte de mis emociones. Cuando dibujo cosas de Racing, trato de entregar lo mejor para estar a la altura de lo que siento. 

-¿El arte nos vuelve mejores personas?
-No sé si tanto. Pero sí considero que el arte debería tener un espacio mayor en la sociedad porque despierta muchas ideas y sentimientos que nos permiten crecer. Y lo mismo pienso que tendría que ocurrir en los clubes, que son lugares de formación. Si a la práctica deportiva se le agregara el plus del arte, a todos nos iría mejor. 

-A nadie se le ocurre poner en discusión que las caricaturas forman parte del mundo artístico. En cambio, sobre el vínculo del fútbol con el arte sí hay más debates. ¿Qué pensás vos? 
-No tengo dudas: el fútbol es arte. Está lleno de jugadas que parecen dignas de cuadritos. Tuvimos en la historia de Racing muchos jugadores que fueron artistas. Y la condición de artista no solamente está ligada a lo vistoso sino a la capacidad de cautivar. No es fácil concentrar la atención de las miles de personas que vienen todos los domingos a ver al equipo.

-Desde afuera, da la sensación de que no es para cualquiera dedicarse a lo tuyo. ¿Creés que hay que tener un talento especial para hacer caricaturas?
-Sinceramente, no lo sé. Pienso que el ojo del dibujante lo tenemos todos. Cualquiera que ve un dibujo malo se da cuenta enseguida. Creo que la diferencia está en animarse a probar y en dedicarle esfuerzo. Claro que hay gente con más talento que otra pero, sobre todo, lo fundamental es sentarse horas y horas delante del papel.

-¿Le recomendarías a un pibe cualquiera que incursionara en las caricaturas?
-Por supuesto. Yo lo tomo como un cable a tierra que dispara lo mejor de mí. Y sé que a muchos caricaturistas les pasa lo mismo. En mi caso, tuve compromisos a lo largo de mi vida que impidieron que me dedicara tiempo completo a dibujar. Pero me ocupo de difundir mi trabajo para que otros lo vean. Encuentro mucho placer en compartir lo que invento y me encantaría que a todos les ocurriera lo mismo. 

-¿Dibujaste alguna vez tus mejores recuerdos como hincha de Racing?
-No, pero debería hacerlo. Es una gran idea. Me acuerdo puntualmente de cuando salimos campeones en 2001. Salí del trabajo y vine corriendo para Avellaneda porque no había conseguido ir a la cancha de Vélez. Y acá me abracé con todos sin conocer a nadie y festejé con mi viejo mirando al cielo. No me lo voy a olvidar nunca. 

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