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Vidas Racinguistas

"En mi vida Racing es una partitura ideal"

Domingo 06 de Noviembre de 2016
Baterista, artista, pero por sobre todas las cosas, racinguista. Gustavo Rowek nos invita a conocer una historia plagada de anécdotas pintadas de blanco y de celeste. Músico consagrado, productor y profesor, admite que no imagina su vida o la de su familia sin la Academia por ser “lo que respiramos”.
"En mi vida Racing es una partitura ideal"
El telón del Coliseo se levanta una vez más para él. Pero a diferencia de todas las otras ocasiones en las que estuvo acá desde que tiene memoria, ahora no es un espectador más. Lo ve desde adentro y es protagonista de su propia historia. Este lugar que ya es suyo, al igual que de tantos otros millones de personas, lo recibe con los brazos extendidos y le abre sus puertas. Y él se abraza. Se deja lleva. Se deja ser. “Justo allá, mirá…al costado de ese rincón -señalando el costado derecho de la tribuna popular local- nos juntamos todos los partidos. Ese es nuestro lugar -afirma, mientras no deja de marcar el lugar con su dedo índice-. Es familia, es amigos, es todo…es Racing”, le dice Gustavo Rowek al sitio oficial del club, con un hilo muy finito de voz que se pierde entre la inmensidad del Cilindro y que se mezcla con silencios cómplices y con miradas teñidas de recuerdos que habitan en su interior y sólo él conoce. El baterista, ícono de bandas pilares dentro del heavy metal en español como V8 y Rata Blanca, gira en su mismo eje como un chico en el centro del campo de juego y el mismísimo Cilindro se mueve a su alrededor. La emoción lo invade y tímidamente mueve la cabeza de un lado a otro. No termina de creerlo. Niega que sea verdad. Pero al mismo tiempo, daría mucho a cambio de que esos segundos se disfrazaran de horas para engañar al tiempo y permitirle a ese instante perdurar un poco más. “Esto es muy emocionante para mí. Me moviliza mucho”, explica el músico, docente y productor musical, mientras se queda literalmente petrificado observando el estadio con sus ojos y a cientos de imágenes con el corazón. “Pienso en todo lo que hemos vivido acá; lo que nos pasa cada fin de semana. Se me vienen a la cabeza todos los que siguen estando a mi lado cada vez que sale el equipo y también aquellos que ya no están, pero que siguen y seguirán presentes en el recuerdo y en el sentimiento. Eso es este lugar para mí”. Y como una paradoja absoluta de la vida, un tipo acostumbrado a los grandes escenarios del mundo, que ha tocado (y lo hace) para miles de personas sin inmutarse y que está más que curtido en eso de tener todas las miradas puestas en lo que hace, de repente se queda inmóvil. Permanece estático; justamente en el único lugar del mundo en el que le gusta sentirse igual que esa gente a la que él ve desde arriba del escenario mientras toca su música. Eso es lo que significa la Academia para Rowek. Eso y mucho más.

-¿Cuál es el primer recuerdo de Racing en tu vida que se te viene ya a la cabeza?
- Tengo un recuerdo de muy chico y con la Final del Mundo ante el Celtic. Yo tenía cuatro años por ese entonces y tengo en mi cabeza el flash de estar en el comedor de mi casa con el partido de fondo, mientras mi hermano hacía ruido con unas chapitas y mi viejo le decía “Luisito ¿Por qué no te vas a la pieza?”. Se ve que no le dejaba escuchar nada (risas). El otro recuerdo es de esa misma noche. Nosotros vivíamos a seis cuadras de la sede de Villa del Parque, de hecho éramos socios, y conservo aún la imagen de estar yendo por la calle Cuenca hacia Nogoyá para festejar y ver pasar frente a mí a los camiones con las banderas blancas y celestes.

- ¿No te pasó de contarlo alguna vez y de que no te lo crean? Porque habla muy bien de tu memoria Racinguista ese dato…
-Es que de hecho no me lo creen (risas); mis amigos ya saben la anécdota y siempre me cargan. Pero la pude corroborar. Un día, ya de grande, se lo fui a preguntar a mi viejo para saber si era verdad, porque no estaba seguro de si lo había soñado o imaginado. Le pregunté por el partido y por el detalle del ruido que hacía mi hermano en ese momento. ¡Y él me contestó que era verdad! Estábamos viendo al Equipo de José. Y el ruido era porque el día anterior habíamos ido a La Rural y a Luis le habían regalado unos prendedores de chapa que golpeaba con unos palitos. Así que mirá lo que es el destino…después yo termine tocando la batería...

-¿Y del Cilindro que te acordás?
-Que vine de de la mano de mi viejo. Eso es lo principal. Tengo muchos flashes también, porque yo era chico. Pero recuerdo partidos, por ejemplo. Un gol del Vasco Olarticoechea, que jugando de ocho se mandó una corrida genial, pateó y la clavó en un ángulo (sic); aunque no recuerdo contra que rival fue. Me acuerdo también de Rubén Paz; de lo que disfrutábamos verlo en la cancha. Era impresionante observar a un tipo que se hamacaba para gambetear como lo hacía el: eludía con la cintura. También tengo en la cabeza a Cejas y algunas atajadas que le vi acá en esta cancha, al igual que al Pato Fillol. Me quedan muchos recuerdos.  Lamentablemente a los hinchas de Racing nos tocaron más malas que buenas y también tengo presente el descenso, por ejemplo. Pero todo lo que paso forma parte de nuestra historia. Y la gente siempre estuvo ahí, presente.
   
La charla sigue. No hay forma de que se detenga. Y es que Rowek podría quedarse en este lugar por horas. El mismo admite la emoción que le genera todo lo que sucede a su alrededor, en un momento que cataloga de único y sumamente especial, al mismo tiempo que se lamenta de que el día y el horario laboral hayan atentado en contra de que su gente querida no esté junto a él en el Cilindro. “Me hubiera gustado que hoy estuvieran todos acá conmigo, pero sólo mi hija Renata pudo venir. A los demás se les complicó. Mi hijo Iván, mis hermanos Adrián y Javier, junto a Zapio, Dani y Juanma; ese es nuestro grupo. El que está siempre en el mismo lugar de la tribuna mientras juega el equipo”, dice con una alegre nostalgia que se transforma antes de afirmar inmediatamente el mandamiento que los mueve: “Respiramos Racing”. Y mientras una lluvia inofensiva pero incesante obliga a trasladar la charla al banco de suplentes local, la familia está de una forma u otra. Su hija lo acompaña sentada a su lado y uno de sus hermanos le escribe por el celular. ¿La referencia?, Racing. No podía ser de otra manera. “Me dice que ya tiene su entrada para la despedida de Milito”, afirma Gustavo con una sonrisa. Pero entre tanta gente presente, hay alguien que ya no está y que tanto el artista como el hombre extrañan mucho: su papá Federico. El hombre que le dejó el legado racinguista marcado a flor de piel y que también fue el ejemplo a seguir en su vida como artista y educador del instrumento que toca desde los 16 años. “Mi amor por Racing es gracias a mi viejo. Es también una tradición familiar, ya que mi abuelo, al que no conocí, fue el primer hincha de la familia. Llegó al país desde Polonia como inmigrante y al toque se hizo de Racing (sic). Por eso tanto mi viejo como yo nacimos con esa esencia adentro nuestro”.

-¿Qué lugar ocupa hoy en tu vida tanto el amor por tu familia como por Racing? 
-Ocupa un lugar fundamental. Más allá de la música, soy un tipo muy de su familia. Tanto de mis hijos, como de mi esposa Marta, con la cual estoy hace 25 años y me banca hoy como el primer día que nos conocimos. Además, en mi familia todos respiramos Racing, como te dije antes. No se puede separar una cosa de la otra. ¿El mejor ejemplo? Cuando nació mi hijo, íbamos en una camioneta rumbo al hospital junto a mi mujer, un amigo y mi hija. Y ella llevaba lista en la mano la camiseta para ponérsela a su hermano en cuanto naciera. Era lo único que llevaba ese día. De eso te hablo: el sentido de pertenencia. La familia y el fútbol, todo unido por los mismos colores. Esos son los ejes en los que me apoyo, además de la música.

-¿Y tu papá? 
-Mirá…voy a contar algo: cuando estoy allá -señala fijo el lugar en la popular en el que ve los partidos- lo primero que hago siempre antes del pitazo inicial es mirar al cielo y decir: “Barba (en referencia a Dios)…Viejo…vamos en esta. Vamos Racing” -se sonríe, emocionado- . Tengo buena onda con el Barba y sé que mi viejo está ahí al lado suyo. ¿La prueba? Fijate que dejó de llover -en efecto, había terminado de llover unos instantes antes en Avellaneda- . Yo les dije a los dos esta mañana antes de venir y al ver lo feo que estaba el clima: “No sean guachos (sic). No me arruinen esto hoy, que voy al Cilindro y es lo que más espero”. Me moviliza mucho hablar de él -se emociona de nuevo y se queda callado unos segundos- …mi viejo además fue un tipo muy artístico. Era el jefe de iluminación y sonido del Teatro Cervantes. Era un docente. Un tipo muy preparado en lo profesional y al cual yo le debo mi pasión por la música. En mi casa, de chico, el equipo para pasar discos era un santuario. Eran horas y horas junto a él, que ponía los discos de los Beatles. Siempre tuve una conexión total y absoluta con él.
 
-¿Qué hayas aprendido tanto de él te motivo a querer mejorar en lo tuyo y también a enseñar?
- Yo hace 14 años que vengo estudiando para perfeccionarme en el instrumento, más allá de llevar mi carrera en paralelo, por que sentí en un momento que tenía un techo musical que quería atravesar y no podía. Tenía un límite que me frenaba. Y yo quería ser mejor. Allá por el 2002 empecé a estudiar y ya no paré más. Soy de los que piensa que el saber no ocupa lugar. Además, soy un tipo que escucha desde salsa hasta música clásica; pasando en medio por el metal, el chamamé, el tango... no divido la música en estilos, la divido en buena o mala. La música buena me llega; la mala, no.
 
-¿Entonces podríamos decir que la buena música en tu vida es como Racing, por cómo te llega?  
-Exactamente. En mi vida Racing es una partitura ideal. Es como estar zapando al mismo tiempo algo de Mozart y de Piazzolla, por querer explicar de algún modo algo que no se puede explicar. Y es que creo que uno a veces no se explica bien que es Racing ¿Qué es? ¿Alto tangible? ¿Una entidad? ¿Algo más? Pero bueno…me parece que el hecho de no tener bien en claro esa respuesta es justamente lo que nos mueve y nos une.   

- Retomando lo anterior, no sólo te preocupas por ser mejor entonces, sino por hacer que otros también intenten lo mismo… 
- Es que todas las experiencias artísticas que pasé me enriquecieron, además, en mi faceta pedagógica.  Hace 20 años, desde la época de Rata Blanca, que enseño batería y además, tengo un estudio de grabación (N. de R: La Carpa). En esos ámbitos puedo volcar la vocación docente que tengo. Me gusta transmitir, enseñar. Es algo que hago bien y que disfruto. Al mismo tiempo, ya de adulto entendí que el formador tiene una gran responsabilidad en sus manos. Entonces, trato de hacerlo con la máxima seriedad posible.

- ¿Imaginás tu vida sin Racing?
-¿La verdad?, no. No puedo estar sin ver a Racing. No lo soporto. Lo máximo de tiempo que aguanté sin hacerlo, por mi carrera y por el hecho de hacer giras, fueron 3 o 4 meses. Pero después, nunca estuve más tiempo sin dejar de ir a la cancha. Es más, en periodos más cortos de tiempo durante los viajes, y aunque suene increíble decirlo hoy en día dada toda la tecnología que hay junto a la inmediatez para enterarse de todo ¿Sabés como me enteraba de los resultados? Mi esposa iba a un locutorio que estaba a una cuadra de nuestra casa y me mandaba un fax en el que estaba anotado como había salido el partido. Después de cada domingo, lo que debía mandarme si o si era eso (risas).
 
- Hace tiempo dijiste en una entrevista que aún tenías sueños por cumplir en tu vida ¿Hoy todavía pensás eso?
-Sí, claro. Eso no se pierde nunca. Ni a mis 53 años. Sin ir más lejos, estoy presentando mi nuevo disco (N. de R: “Redes”, con su banda homónima Rowek), que es un gran sueño cumplido. Otro que tengo es poder ver a la Academia salir campeón de nuevo dentro de poco tiempo. O sea que sí; aún quedan por cumplir. Uno se alimenta de esas ilusiones y las trata de hacer realidad. Cuando era más chico tenía sueños por cumplir en la vida. Cuando recién arrancaba en la música, me decía: “Ojalá que pueda tener mi propia banda y que grabe discos”, y se me dio con V8. Después, al tiempo, pensé “Ojalá que pueda seguir en la música; que pueda tener una banda que pase de ser nada a llenar estadios y que pueda viajar por todos lados”, y se me dio con Rata Blanca. Y el otro sueño que tenía era tocar en el medio de la cancha de Racing, llena de gente ¡Y se me dio también! -exclama eufórico- , que fue en el 2001 tras el título. Yo había participado de un disco a beneficio del club (N. de R.: “La Acadé…por siempre Racing”, editado en el 1999 y en el que grabó el tema “Brilla la Blanca y Celeste” junto a Andrés Giménez de A.N.I.M.A.L.) y cuando salimos campeones me llamaron para hacer ese tema en los festejos. Igual, pase de la gloria a la agonía en cuestión de minutos…pero no me importó nada. 

-¿Por qué lo decís? 
- Los músicos a veces tenemos una maldita costumbre: nada nos alcanza. Siempre queremos más. Yo estaba viviendo mi sueño en ese momento: había tocado en la cancha de Racing y en la fiesta del campeón. Pero quería más…y me fui corriendo desde la mitad de la cancha, en donde estaba el escenario, hacia el arco de la popular local para tirarme de palomita al césped. Luego me trepé al arco y en ese instante, no me preguntés porque, se me vino a la cabeza la imagen de lo que le había pasado a Nery Pumpido (N. de R.: el arquero perdió el dedo anular izquierdo en un entrenamiento, tras un salto, luego de que el anillo de casado se le enganchara en uno de los ganchos que sostenían la red) entonces me quise soltar y lo hice, pero caí mal y me quebré la muñeca izquierda (risas). Obviamente en medio de los festejos nadie se dio cuenta de nada. Pero yo terminé perdiéndome el final y esperando en el Hospital Fiorito a que me pusieran el yeso. Y todo esto, a una semana de salir de gira con Los Tipitos y Attaque 77 ¡Me querían matar! (risas).

Fotos: Paola Lara y Renata Rowek (10,11 y 12).
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